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Los
recientes acontecimientos, de los cuales, el caso Enron es sólo uno de
ellos, si bien el más importante, han puesto en peligro a la profesión
contable en el mundo, porque han debilitado su credibilidad y la confianza
pública depositada en ella. Como se sabe la confianza pública es el
pilar fundamental de nuestro ejercicio, de ahí, lo grave del asunto.
Sin embargo, lo curioso de esta situación estriba en que las causas de la
misma se haya originado en cuestionamientos a la practica profesional de
importantes emporios contables que por años han sustentado su éxito en
la responsabilidad y buen juicio de la Contaduría Pública.
Arthur Andersen, fundador del imperio que hoy lleva su nombre, jamás
imaginó, cuando aún era un asistente de auditoria, que el gigante que
creó bajo las premisas de transparencia, ética y ejercicio profesional
eficiente, pudiera verse afectado por actos contrarios a la legalidad
de uno de sus clientes y mucho menos que funcionarios de su organización
fueran a verse involucrados en este tipo de actividades.
Este caso, que para ser justos no se le puede endilgar como propio o que
corresponda a procedimientos y políticas de Arthur Andersen, empresa de
reconocido prestigio a lo largo de los años, demuestra sin embargo lo débil
que son las barreras que se ponen en practica para evitar la violación de
principios fundamentales del ejercicio de la auditoría, como lo son la
independencia y la objetividad cuando pueden existir conflictos de interés.
En otras palabras, en ocasiones para ciertos profesionales, resulta más
importante el interés comercial, el ánimo de lucro y el beneficio económico
que una ejercicio profesional pulcro y transparente.
Ello
es así, debido a que el modelo de control de calidad existente, conocido
como peer review o revisión por pares, no es lo suficientemente exigente
en situaciones en las que es factible la existencia de un conflicto de
interés en la prestación de servicios profesionales conjuntos por parte
de la misma firma, esto es, la contratación de actividades simultáneas
de asesoría y consultoría con el trabajo de auditoría en un mismo
cliente.
Para
justificar esta situación, algunos afirman que no se puede criticar este
ejercicio simultaneo, puesto que los ingresos económicos por concepto de
asesoría y consultoría superan en mucho los provenientes de los trabajos
de auditoría y, aducen que con simples aislamientos internos de los
ejecutores, como los de la llamada muralla china, se puede
garantizar un trabajo limpio y transparente.
Es
decir, estos agentes que podríamos denominar mercantilistas contables,
privilegian el beneficio económico en detrimento de la confianza pública
en nuestro ejercicio profesional, olvidando que la razón de la existencia
de contratos simultáneos por parte de una misma empresa, no es otra
distinta que el interés de ésta, en que sus consultores sean los mismos
que les han de avalar la información en la calidad de auditores.
Lo
anterior significa que los organismos de la profesión mundial, deben
adoptar normas de conducta que exijan a los contadores públicos la
ausencia de todo conflicto de interés y la prevalencia del criterio
profesional por encima del simple interés comercial.
Ello
nos lleva a afirmar que se debe adoptar un nuevo modelo de control de
calidad para las firmas de contabilidad y auditoria, pues como se ha dicho
el hoy existente, se encuentra obsoleto y caduco en la dinámica de los
negocios actuales, ya que en algunos casos la revisión se hace entre
amigos en los que puede imperar el criterio de yo no te molesto si tú
no me molestas, haciendo que el control de calidad sea un simple
formulismo, del cual sólo quedan hermosos manuales escritos, llenos de
retórica y de frases peculiares en la técnica que se describe pero sin
ningún sustento en la practica y en la realidad.
Así
las cosas, la auditoría para permanecer en el tiempo debe asumir un nivel
de seriedad acorde con las exigencias de hoy, que le preste un verdadero
servicio de calidad al contratante, en el cual se le dé garantía de
certeza al cliente sobre lo que se afirma y se tenga seguridad sobre los
hallazgos obtenidos, para lo cual no se puede continuar apoyando en el
supuesto erróneo de que el auditor no es responsable por nada, que su
trabajo es meramente selectivo y que la detección de los errores e
irregularidades en todo caso, no son la meta o su objetivo final, pues
estos solo le competen a la administración del ente.
No
de otra forma aseguraremos nuestra existencia, pues fenómenos como los
del caso ENRON, así no lo queramos, afectan injustamente a los cerca de
3.500.000 profesionales que integran el estamento contable mundial, puesto
que algunas autoridades y un sector de la sociedad nos sindica de cierta
manera de ser artífices de procedimientos impuros, sin tener en cuenta
que por más de cinco siglos
la profesión ha demostrado un ejercicio ético, eficiente y honesto para
el bien de la comunidad.
En
síntesis la Auditoría como actividad que incrementa la credibilidad de
la información, que le otorga confianza a los inversionistas, a los
agentes económicos, a la sociedad y al Estado, no puede ser vista como un
simple negocio de venta o de comercialización de un servicio profesional
más; por el contrario debe ser asumida con la respetabilidad de que se
trata de un acto de fé pública entregado por un contador que debe reunir
las más altas calidades éticas y morales y que posee un amplio
conocimiento multi e interdisciplinario que le permite asegurar la
confianza y el interés público;los mercados internacionales y
particularmente el mercado de capitales, se vería menguado de manera
sustancial si no estuviera respaldado por la seguridad que le agrega una
buena auditoría. Por lo tanto la profesión debe tener en cuenta siempre
estas premisas cuando contrate servicios profesionales.
* Presidente: Asociación
Interamericana de Contabilidad
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