Posición de la AIC frente al Caso Enron

AUDITORIA: SERVICIO PROFESIONAL EN PELIGRO

Por: Jaime A. Hernández V. (*)

Los recientes acontecimientos, de los cuales, el caso Enron es sólo uno de ellos, si bien el más importante, han puesto en peligro a la profesión contable en el mundo, porque han debilitado su credibilidad y la confianza pública depositada en ella. Como se sabe la confianza pública es el pilar fundamental de nuestro ejercicio, de ahí, lo grave del asunto.


Sin embargo, lo curioso de esta situación estriba en que las causas de la misma se haya originado en cuestionamientos a la practica profesional de importantes emporios contables que por años han sustentado su éxito en la responsabilidad y buen juicio de la Contaduría Pública.


Arthur Andersen, fundador del imperio que hoy lleva su nombre, jamás imaginó, cuando aún era un asistente de auditoria, que el gigante que creó bajo las premisas de transparencia, ética y ejercicio profesional eficiente, pudiera verse afectado por actos contrarios a la legalidad de uno de sus clientes y mucho menos que funcionarios de su organización fueran a verse involucrados en este tipo de actividades.


Este caso, que para ser justos no se le puede endilgar como propio o que corresponda a procedimientos y políticas de Arthur Andersen, empresa de reconocido prestigio a lo largo de los años, demuestra sin embargo lo débil que son las barreras que se ponen en practica para evitar la violación de principios fundamentales del ejercicio de la auditoría, como lo son la independencia y la objetividad cuando pueden existir conflictos de interés. En otras palabras, en ocasiones para ciertos profesionales, resulta más importante el interés comercial, el ánimo de lucro y el beneficio económico que una ejercicio profesional pulcro y transparente.

 

Ello es así, debido a que el modelo de control de calidad existente, conocido como peer review o revisión por pares, no es lo suficientemente exigente en situaciones en las que es factible la existencia de un conflicto de interés en la prestación de servicios profesionales conjuntos por parte de la misma firma, esto es, la contratación de actividades simultáneas de asesoría y consultoría con el trabajo de auditoría en un mismo cliente.

 

Para justificar esta situación, algunos afirman que no se puede criticar este ejercicio simultaneo, puesto que los ingresos económicos por concepto de asesoría y consultoría superan en mucho los provenientes de los trabajos de auditoría y, aducen que con simples aislamientos internos de los ejecutores, como los de la llamada “muralla china”, se puede garantizar un trabajo limpio y transparente.

 

Es decir, estos agentes que podríamos denominar mercantilistas contables, privilegian el beneficio económico en detrimento de la confianza pública en nuestro ejercicio profesional, olvidando que la razón de la existencia de contratos simultáneos por parte de una misma empresa, no es otra distinta que el interés de ésta, en que sus consultores sean los mismos que les han de avalar la información en la calidad de auditores.   

     

Lo anterior significa que los organismos de la profesión mundial, deben adoptar normas de conducta que exijan a los contadores públicos la ausencia de todo conflicto de interés y la prevalencia del criterio profesional por encima del simple interés comercial.

 

Ello nos lleva a afirmar que se debe adoptar un nuevo modelo de control de calidad para las firmas de contabilidad y auditoria, pues como se ha dicho el hoy existente, se encuentra obsoleto y caduco en la dinámica de los negocios actuales, ya que en algunos casos la revisión se hace entre amigos en los que puede imperar el criterio de yo  no te molesto si tú no me molestas, haciendo que el control de calidad sea un simple formulismo, del cual sólo quedan hermosos manuales escritos, llenos de retórica y de frases peculiares en la técnica que se describe pero sin ningún sustento en la practica y en la realidad.

 

Así las cosas, la auditoría para permanecer en el tiempo debe asumir un nivel de seriedad acorde con las exigencias de hoy, que le preste un verdadero servicio de calidad al contratante, en el cual se le dé garantía de certeza al cliente sobre lo que se afirma y se tenga seguridad sobre los hallazgos obtenidos, para lo cual no se puede continuar apoyando en el supuesto erróneo de que el auditor no es responsable por nada, que su trabajo es meramente selectivo y que la detección de los errores e irregularidades en todo caso, no son la meta o su objetivo final, pues estos solo le competen a la administración del ente. 

 

No de otra forma aseguraremos nuestra existencia, pues fenómenos como los del caso ENRON, así no lo queramos, afectan injustamente a los cerca de 3.500.000 profesionales que integran el estamento contable mundial, puesto que algunas autoridades y un sector de la sociedad nos sindica de cierta manera de ser artífices de procedimientos impuros, sin tener en cuenta que  por más de cinco siglos la profesión ha demostrado un ejercicio ético, eficiente y honesto para el bien de la comunidad.

 

 

En síntesis la Auditoría como actividad que incrementa la credibilidad de la información, que le otorga confianza a los inversionistas, a los agentes económicos, a la sociedad y al Estado, no puede ser vista como un simple negocio de venta o de comercialización de un servicio profesional más; por el contrario debe ser asumida con la respetabilidad de que se trata de un acto de fé pública entregado por un contador que debe reunir las más altas calidades éticas y morales y que posee un amplio conocimiento multi e interdisciplinario que le permite asegurar la confianza y el interés público;los mercados internacionales y particularmente el mercado de capitales, se vería menguado de manera sustancial si no estuviera respaldado por la seguridad que le agrega una buena auditoría. Por lo tanto la profesión debe tener en cuenta siempre estas premisas cuando contrate servicios profesionales.
* Presidente: Asociación Interamericana de Contabilidad