| La
competencia corporativa hizo lugar para
Las nuevas
formas de gestión y liderazgo
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| Existen
diferencias entre el papel del gerente y el del coach |
| Para La Nación |
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La
economía global y la competencia han cambiado el juego.
Hoy, las compañías no pueden darse el lujo de
controlar todo desde la dirección. Deben responder rápidamente
a los cambios en los mercados, las tecnologías, las políticas
gubernamentales y las actitudes sociales. Precisan,
entonces, gerentes firmes, flexibles, creativos y
coaches de sus equipos. Y son muy grandes las
diferencias entre gerenciar a secas y hacerlo como coach.
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El
gerente tradicional percibe su rol como la dirección y
el control del desempeño de su gente, a fin de obtener
resultados predecibles, pues responde a objetivos
definidos. El gerente-coach, por el contrario, comprende
su trabajo como una manera de brindar poder a las
personas, con el objeto de lograr resultados sin
precedente; se orienta hacia los compromisos de la gente
que coachea y los alinea con los objetivos
comunes de la empresa.
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Mientras
los gerentes tradicionales tratan de motivar al personal
que dirigen y son responsables por dichos individuos,
los coaches insisten en que las personas encuentren
dentro de sí las motivaciones y demandan de cada una
responsabilidad y decisiones. Así, en tanto los
primeros, asumiendo el poder que les confiere su cargo,
piensan en qué es lo que anda mal y por qué suceden
los acontecimientos, los segundos están legítimamente
autorizados, a partir de la calidad de los vínculos con
su equipo y de sus compromisos. Miran hacia el futuro
con la certeza de crear un contexto adecuado para cada
nueva realidad.
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Al
tiempo que unos observan el mañana basados en sus
mejores predicciones mientras lideran equipos y
solucionan problemas enfrentando límites y obstáculos,
los otros contemplan el porvenir como una infinita gama
de posibilidades, gerenciando a su gente en un contexto
de compromiso y creatividad para afrontar nuevas
realidades en las que cada problema sea una oportunidad
para obtener resultados sin precedente.
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Las
diferencias continúan. Mientras el gerente tradicional
se enfoca en técnicas destinadas a que la gente realice
el trabajo, utiliza premios y castigos para controlar
conductas, y es razonable; el coach capacita y da
libertad a las personas, confía en la responsabilidad
de su equipo y, además de razonable, es intuitivo.
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El
primero, de algún modo, piensa que el personal trabaja
para él, y hasta puede mostrar disgusto respecto de la
gente a su cargo. Busca resultados y, con tal de
lograrlos, poco le importan los procesos. Sus metas
suelen ser cuantitativas, y mantiene y defiende la
cultura organizacional en la que se formó. El gerente-coach
entiende que es un servidor y trabaja para las personas
de su equipo. Persigue resultados a partir de procesos
éticos y coherentes y, junto con su equipo, crea una
nueva cultura para la organización.
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Ser parte del sistema
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Una
estrategia de cambio organizacional sólo es posible
gracias a la plena convicción y participación de la
dirección de una compañía. El consultor y coach
externo es el encargado de diseñarla, adecuarla a cada
ámbito y coordinar las acciones desde el primer paso
para guiar a las personas y los grupos.
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El
objetivo básico operativo y filosófico reside en
generar en cada integrante de la organización las
conciencias de "unidad" y de "ser
parte" de sistemas que lo incluyen -su equipo, área,
división y empresa-, proyectándolo en numerosas formas
de interacción para el logro de visiones compartidas,
imprescindibles en el desarrollo de una empresa. Esta
condición se consigue a partir del aprendizaje
transformacional, basado en una forma de pensamiento
sistémico.
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Trabajan
simultáneamente, en una primera etapa de toda
estrategia, el presidente, los directores y todos los
niveles jerárquicos, hasta el más bajo de supervisión.
Luego, se incorporan los empleados y operarios, de
diferentes maneras y a partir de trabajos diseñados
para cada realidad.
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La
estrategia abarca talleres vivenciales, prácticas
transformacionales que siempre parten de la acción y
cuyos objetivos suelen ser aplicados a obtener
resultados concretos para la compañía, como por
ejemplo diseñar nuevos planes de comunicación,
relaciones con la comunidad o inducción.
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Al
finalizar los talleres se asumen fuertes compromisos de
cambio individual y grupal. Es imprescindible, luego, coachear
estas voluntades muy de cerca para que se
transformen en nuevas formas de conducta. También se
prevén, dentro de la estrategia transformacional,
reuniones de coaching grupal, en las que se trabaja para
reforzar los compromisos logrados en los talleres.
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Las
compañías con gran cantidad de personal y mayor
dispersión geográfica completan su estrategia
transformacional formando líderes dentro del staff,
seleccionándolos cuidadosamente de acuerdo con las
metas propuestas. Estos líderes, por un lado, serán
futuros cuadros de reemplazo gerencial y, por otro, se
convertirán, al terminar su formación, en coaches
internos de la organización, con la misión de brindar
apoyo al área que se les asigne. Su tarea es
supervisada por el coach externo, quien además continúa
coacheando la tarea de la alta dirección y
gerencia, como un proceso de mejora continua.
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