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La casa, en pleno barrio residencial de Acassuso, está casi vacía. Apenas unos muebles ocupan las habitaciones. Faltan pocas horas. Hoy, Gerardo della Paolera, ex rector de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), pasará a formar parte de los miles de argentinos que emigran del país. |
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| Pero
la suya no es la típica historia de desencanto, sino la de alguien que
logró ganarse un lugar de prestigio en el exterior. A los 43 años, en
septiembre próximo, Della Paolera ocupará el cargo de presidente (o
rector) de The American University of Paris (AUP). Se trata de una
institución norteamericana que reúne a unos 1500 alumnos de distintos
países en el corazón de Francia y que tiene tan sólo tres años menos
de vida que él.
Della
Paolera lleva consigo la experiencia de haber sido el artífice de la
UTDT, desafío que enfrentó a los 31 años y que continuó hasta 2001,
cuando decidió tomarse un tiempo sabático. Pero sus planes cambiaron
de pronto cuando una consultora de Recursos Humanos lo contactó y le
propuso estar al frente de la AUP. No fue un proceso automático, claro.
Para llegar, debió competir con más de 200 postulantes, en su mayoría
de Estados Unidos.
"Es
más difícil tomar esta oportunidad profesional y este gran proyecto en
un momento tan convulsionado para el país. Lo vivo con cierta tristeza,
pero con la esperanza de volver", reconoce, en una entrevista con
LA NACION. Consigo lleva una biblioteca con más de 2500 libros.
Della
Paolera es licenciado en Economía por la Universidad Católica
Argentina y obtuvo sus títulos de máster y Ph.D. en Economía, en la
Universidad de Chicago, Estados Unidos. Está convencido de que "un
punto neurálgico que determina la calidad de los dirigentes en la
Argentina es la universidad. Si la universidad es mediocre, la clase
dirigente también lo es", insiste.
-¿Cuáles
son sus expectativas en esta nueva etapa?
-Lo
que me resulta muy interesante es que la AUP tiene un perfil muy
internacional. Tanto es así que el alumnado es un 25% norteamericano,
un 18% francés y hay un buen porcentaje de estudiantes escandinavos, de
los Países Bajos y de Europa del Este. La AUP es una de las dos
universidades de gestión privada reconocidas por el Ministerio de
Educación francés. La otra es el Instituto Católico.
-¿Qué
orientación piensa darle a la AUP?
-Quisiera
reforzar el área de ciencias sociales y analizar la posibilidad de
saltar más fuerte al área de posgrados. Seguiremos una "política
de apertura", que implica que la AUP empiece a tener conexiones más
fuertes con las grandes escuelas francesas. Otra de las líneas de acción
será aumentar la cantidad de profesores full time de 50 a 70, en
los próximos cinco años.
-De
su experiencia en la UTDT, ¿qué podría aplicar en Francia?
-He
transitado durante más de 11 años el terreno del fund-raising con
ciudadanos argentinos, empresas y fundaciones americanas que conozco
bien. Esto para mí va a ser imprescindible para incrementar la cantidad
de profesores, mejorar los salarios, para ir reclutando capital humano
joven. El secreto para tener una gran universidad es tener grandes
profesores y muy buenos alumnos. Pero eso se consigue con esfuerzo y
apoyo de la comunidad.
-¿Cómo
cree que pesó el hecho de ser argentino en que lo hayan elegido como
rector de la AUP?
-En
realidad soy franco-argentino, al igual que mi padre; mi madre es
croata, pero nacionalizada francesa. Fui educado en el Liceo Franco
Argentino y mantuve una cultura francesa muy fuerte. Pero creo que me
ayudó mucho que en la Argentina haya algunos parámetros educativos que
son muy parecidos a los franceses como, por ejemplo, toda una tradición
estatal de la educación superior.
-¿Qué
vínculos piensa mantener con nuestro país?
-Seguiré
en contacto a través de la Fundación Pent, que creó José María
Ghio, un intelectual muy prestigioso. Esta fundación es muy importante
para la integración de la Argentina en el mundo, para que el país no
se caiga del mapa. Ahí voy a mantener mi situación de investigador
visitante.
-¿Cuál
es su visión de la Universidad en nuestro país?
-Creo
que la universidad masiva, la que se ha establecido en la Argentina,
tiene tremendos problemas de producir, para nuestra sociedad, una
combinación de buenos profesionales y buenos dirigentes. Es una
universidad que no compite. Si la Universidad está cerrada y funciona
como una corporación y piensa que el mundo funciona así, se obtiene
como resultado una institución que no tiene renovación, muy
clientelista, que genera una clase dirigente que no entiende qué es lo
que está pasando en el mundo.
-¿Qué
otros problemas tiene el sistema universitario?
-En
términos cuantitativos, es un sistema muy distorsionado en el que se
quiere tener una gratuidad absolutamente indiscriminada y a la vez una
tremenda calidad. En un país en el que hay chicos que comen tierra me
parece un sistema de subsidio regresivo. No se puede subsidiar a
personas de la clase alta para que sigan en una universidad gratuita. Es
tremendo. Creo que hay problemas muy fuertes en ese sentido y que se
relacionan con la calidad.
-¿Cómo
ve la llegada de Jaim Etcheverry a la UBA?
-Creo
que la elección de Jaim Etcheverry, un humanista, es un verdadero
cambio con respecto a su predecesor (Oscar Shuberoff). Pero hay que ver
si va a tener la fuerza política y generar alianzas para hacer un
cambio en este sentido. Es muy importante que una universidad compita,
que se abra, porque justamente eso es lo que le da la apertura
intelectual al profesional y al futuro dirigente. Pero, entre todo lo
que está pasando, esta elección la veo como una de las ráfagas de
optimismo, algo bastante inesperado.
Amalia Eizayaga De la Redacción de LA NACION Perfil
LA NACION | 20/08/2002 | Página 09 | Cultura |
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