Síndrome de ansiedad por disrupción:
una reacción frente a la guerra, el terrorismo y la violencia social
El impacto psíquico de la inestabilidad
Un psiquiatra argentino experto en secuelas de catástrofes advierte
sobre las consecuencias de vivir bajo crisis permanente
- Las personas pierden sentido de pertenencia y seguridad
- Se pone a prueba permanentemente la capacidad de adaptación
- El miedo cotidiano paraliza
Su nombre, Mordechai Benyakar, no hace pensar en un argentino. Y sin
embargo lo es. Este psiquiatra, de 56 años y nacido en Buenos Aires,
que apenas cumplió los 20 decidió ir a vivir a un kibutz en Israel y
allí conoció el drama cotidiano de la guerra, es hoy presidente electo
de la Sección de Stress, Trauma e Intervención en Desastres de la
Asociación Mundial de Psiquiatría.
El psiquiatra Moty Benyakar,
experto en secuelas de guerra y terrorismo
.
Moty (como lo llaman) Benyakar, profesor de la Universidad de Tel
Aviv y de la UBA, encabeza innovadores emprendimientos (ver recuadro)
sobre atención terapéutica de las secuelas que dejan los desastres y
catástrofes (naturales y no) en el psiquismo.
.Su experiencia al respecto es bien real: reservista del ejército
israelí, participó como soldado en 5 guerras en Medio Oriente. Médico
psiquiatra, psicólogo y licenciado en Ciencias de la Educación, se
ocupó de la atención psicológica de familias durante la Guerra del
Golfo y también prestó asistencia a los damnificados por el atentado a
la AMIA, en Buenos Aires.

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-En el siglo XXI, cuando el ser humano ha controlado tanto la naturaleza,
seguimos enfrentando sin embargo un medio hostil y amenazante...
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-Así es. Y frente a un evento externo a la subjetividad, como una guerra
o un atentado terrorista, el psiquismo reacciona de distintas maneras. El
stress y el trauma son algunas formas. El stress es el desarrollo de
defensas, aunque sean inadecuadas. En cambio, la esencia de lo traumático
es una reacción que no le permite al psiquismo defenderse: la persona se
queda como congelada o paralizada. Sin embargo, no siempre una situación
amenazante produce un trauma: el tan mentado síndrome de stress
postraumático no describe lo que ocurre entre los neoyorquinos luego del
atentado a las Torres Gemelas, porque un mismo hecho puede traumatizar a
uno y a otro no. Por eso, junto a un grupo de colaboradores (el doctor
Carlos Collazo y la licenciada Inés Hercovich) postulamos una nueva
entidad para comprender los efectos de las catástrofes (naturales y no)
sobre el psiquismo humano: lo llamamos síndrome de ansiedad por
disrupción .
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-¿Qué significa disrupción?
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-Una implosión repentina del mundo externo en lo interno que altera el
funcionamiento del psiquismo. La ansiedad por disrupción produce un
estado difuso y ambiguo entre el afuera y el adentro. Las personas viven
una situación en que el mal está representado por amenazas insidiosas
que son atribuibles a voluntades humanas difícilmente ubicables: el
terrorismo, la corrupción, el mercado, el narcotráfico. Estas amenazas
revierten el sentido protector de las instituciones sociales. A diferencia
de una neurosis o una fobia, que alteran el psiquismo por una
vulnerabilidad del sujeto, la ansiedad por disrupción se genera ante
peligros reales. Y ésa es la meta del terrorismo: agredir lo cotidiano,
lo estable. Después de un atentado, quienes nunca tenían miedo no salen
más de su casa, no viajan.
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-Usted se especializa en los efectos de las guerras y las acciones
terroristas. Pero un individuo a quien de pronto un banco le arrebata los
ahorros de toda su vida y no hay institución social que lo proteja, ¿no
vive una situación igualmente agresiva?
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-Sí. Pero hay que diferenciar violencia de agresión. La agresión es una
situación clara, en la cual la persona que hará el daño se postula como
tal y yo me puedo defender. La esencia de la violencia, en cambio, es la
distorsión de la situación de tal forma que nunca se sabe de dónde
viene el mal.
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-¿Sufrimos violencia o agresión?
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-Violencia, más que agresión. El factor disruptivo o externo, en
realidad, no hace que el psiquismo colapse. Por eso no es un trauma y
tampoco es una amenaza generadora de stress. El síndrome de ansiedad
por disrupción distorsiona el entorno, se pierden roles sociales que
sostienen la identidad, hay fuerte sensación de falta de normas y, a
diferencia de otros cuadros de ansiedad, donde suelen ocultarse los
síntomas, en estos casos existe una necesidad casi compulsiva de hablar y
compartir los padecimientos: falta de concentración, insomnio, falta de
interés y de energía, incapacidad para tomar decisiones, miedo,
sensación de estar atrapado...
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-¿Y a qué lleva este cuadro?
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-A una inestabilidad muy grande. La gente no puede proyectar, no tiene
mañana, es un hoy permanente, y ese permanente es impredictible. Se mira
el noticiero para ver que todo siga igual, no hay parámetros de
cuestionamiento. La situación es tan ambigua que no permite construir
oposición. El problema está tan metido en todos los ámbitos que es
inubicable.
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-¿Y cómo pueden los terapeutas ayudar a las personas?
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-Lo primero es tener conciencia de que se está tratando, no con enfermos,
sino con personas sanas que en forma repentina se enfrentan con una
situación altamente patógena. Por otra parte, otro de los grandes
problemas es que los terapeutas estamos involucrados como los pacientes.
Eso lo viví en las guerras en las que participé. No es algo insoluble,
pero uno tiene que saber cómo apuntar, cuál es el factor humano en juego
y no perderlo de vista.
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-¿Y qué se puede hacer?
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-Muchas cosas, no sólo en los consultorios, sino en la sociedad: las
personas que sufren por esta situación deben recibir ayuda. Tenemos
marcos transicionales para abordarla. En lugar de debilitar la familia,
fortificarla; en vez de debilitar el marco de amigos y relaciones,
fortificarlo. Los marcos grupales son todos importantes. Es importante
buscar un núcleo de gente donde crear soluciones parciales. Eso no
terminará con el problema, pero sí ayudará a superar esta situación,
independientemente de que eso genere o no un cambio social.
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-Entonces, el integrarse en grupos es muy importante...
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-Sí. No en vano, todo régimen dictatorial lo primero que hace es abolir
los grupos. Cuando las instituciones están cuestionadas, la seguridad y
la estabilidad se construyen desde abajo. El riesgo es que se intente
buscar una solución autoritaria, un régimen que pueda abolir ese
proyecto que es construir desde abajo.
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-¿Quién podría querer eso?
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-Es un peligro que ronda el imaginario colectivo. Y es una falsa
solución.
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Por Gabriela Navarra
De la Redacción de LA NACION
Sábado 13 de Julio de 2002
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